Esperando a Manuel

Esperando a Manuel

-Andá, preguntá. No te olvidés de averiguar si hay inmigrantes

españoles, gente que conozca a Manuel…

La mujer, luego de instruir a su chofer, se quedó, quieta, erguida, al

pie del desembarcadero. Ya no había barcos de inmigrantes, como en el

que ella y Manuel habían venido, tiempo atrás. Puntualmente, en cada

arribo desde España, ella se preparaba para recibir a su Manuel. Y a

Miguelito… que hacía tanto que no veía.

Invariablemente, en este momento de la espera, una lágrima se

deslizaba por la mejilla árida de la  mujer.

Alta, seca, fría, como distante, la inquebrantable voluntad de esperar

a Manuel, de no desfallecer, había marcado su rostro, surcado su

frente, congelado su mirada, afinado su boca en un tajo endurecido.

Manuel tenía que venir, no podía haber muerto. Sólo su vuelta

justificaba el esfuerzo heroico de preparar un futuro para ellos, para

ambos. Primero la carbonería, luego el almacén, sola, sin amigos,  con

la única ilusión de reencontrar a sus amores. Hasta comenzó a mandarle

plata, todos los meses.  Su cuerpo pagó: puro huesos y

nervios, sin huellas de pechos, las manos como parras, vestida de

negro (antes para auyentar a los varones, ahora porque para qué

color). Le daba miedo mirarse al espejo.

-No importa, Manuel me quiere -se decía–. Yo no tengo la culpa de

haber quedado, enferma, en Buenos Aires; él no tiene la culpa de

quedarse atrapado en España, de no haberme podido llevar después, de

no poderse comunicar ahora. Cada uno tiene su infierno, pero ya va a

pasar, y los veré bajar del barco.

Sólo se animaba al encontrar gente de su pueblo. ¿Y Manuel? Lo habían

visto, hace un tiempo, ya no.

Sólo una vez:

-Lo vi, sí, lo vi, cuando yo estaba por partir para Buenos Aires, le

dijo el hombre que descendía del barco-. Me dijo: “dile a Carmen que

dentro de poco me voy a comunicar, que estoy resolviendo unos

problemas”.

Rompió  el dique. En torrentes incontenibles  volcó sobre el mensajero el

recuento interminable de sus noches solitarias, sus dolores, sus

terrores de morir sola, sin objeto, en un rincón del mundo.

Y lo tomó de chofer. Ridículo, para un coche económico, tercera mano.

Pero la vida precisa de la vida. Lo interrogaba enfermizamente sobre

su pueblo, su familia, sus amores…

Se distrajo. Ahí venía el chofer con dos personas, una pareja. Se

mostraban incómodos. De Manuel sabían que se había mudado a la ciudad,

nadie tenía noticias de él.

Ya en el auto, soltó:

-Tengo miedo, cada vez  me cuesta más aguantar -la mujer dura era

ahora  una vieja doliente, vulnerable. Derrumbada en el asiento, su

mirada desolada caía en el vacío. Pero fue sólo un momento-. Vamos,

coraje, no perdamos la esperanza, ¿verdad?

-Claro que no, m… No señora, nunca -Miguelito tembló en su asiento.

¿Qué estaba haciendo? Bajó del barco decidido: Soy Miguelito, tu hijo.

Papá se casó, con otra, no se animó a escribirte. Vengo a vivir con

vos, con mi familia. La mirada de la mujer, su madre, quemaba. Su

espíritu pende de un recuerdo, pensó, si corto el hilo la mato. No se

animó.

Y se quedó de chofer. Vivía en el depósito. Por las noches, las

charlas que lo atraían y lo asustaban. Una mujer que, sola, era muda,

ahora, con él, divagaba y gesticulaba, en las fronteras oscuras de la

lucidez, un himno patético al amor.

-El lunes viene otro barco -murmuró ella, reconstruyendo su castillo de naipes.

Ahora es el momento, pensó él. Está sufriendo, no se puede sufrir más.

Yo no puedo sufrir más. Se lo digo y basta.

No se animó.

Anuncios
Publicada on marzo 29, 2010 at 7:54 pm  Dejar un comentario  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: